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El IPCC, ya en su quinto informe de evaluación (IPCC, 2013), estimó que las emisiones anuales de gases de efecto invernadero a nivel mundial de origen antrópico representaban la incorporación de 8.900 millones de toneladas de C a la atmósfera, consecuencia de la actividad en las zonas industriales y urbanas (7.800 millones de toneladas de CO2) y de los cambios de usos de suelo y deforestación (1.100 millones de toneladas de CO2) (IPCC 2013).

La restauración de las tierras agrícolas degradadas y el aumento de la tasa del carbono en el suelo juegan un papel importante en el  triple desafío que constituyen la seguridad alimentaria, la adaptación de los sistemas alimentarios y de las personas al cambio climático, y la mitigación de las emisiones producidas por los humanos.

En este marco, cobra sentido la “Iniciativa 4 x 1000: Suelos para la seguridad alimentaria y el clima”, impulsada por el Gobierno de Francia en la COP21, para asegurar que la agricultura juegue un papel relevante en la mitigación y adaptación al cambio climático.

¿Porque 4 x 1000?

Poniendo en relación la cantidad de C emitido de manera anual a la atmósfera (0,0089 billones de t) con la cuantía de C almacenada en el suelo (2,4 billones de t), resulta que las emisiones anuales representan el 0,4%, o lo que es lo mismo, el 4 por mil (4‰) de la cantidad de C almacenada en el suelo.

En base a ello, una tasa de crecimiento anual del 0,4% de las reservas de carbono del suelo, o 4 ‰ por año, en los primeros 30-40 cm de suelo, reduciría significativamente la concentración de CO2 en la atmósfera debido a las actividades humanas.

 

El documento dice:

El objetivo de 4‰ aplicado en el horizonte de los suelos mundiales ─lo que representa existencias de cerca de un billón de toneladas de carbono─ se traduciría en algunas décadas en un almacenamiento anual de 4 mil millones de toneladas de carbono en el suelo, lo cual representaría un contrapeso del aumento del CO2 atmosférico.

 

Esta tasa de crecimiento no es una meta normativa para cada país, si no que se busca demostrar que incluso un pequeño incremento en el almacenamiento de carbono en los suelos es crucial para mejorar la fertilidad de los mismos y la producción agrícola, contribuyendo así a conseguir el objetivo a largo plazo adoptado en el Acuerdo de París, de limitar el aumento de la temperatura por el cambio climático a un 1,5%.

Todo esto está relacionado con el incremento exponencial de la población y nuestra capacidad de alimentar 9,800 millones de humanos en el 2050 en un contexto de cambio climático. La degradación de los suelos amenaza ya a más del 40% de las tierras emergidas y los desajustes climáticos aceleran este proceso.

Suelos vivos ricos en materia orgánica y carbono son más estables y más resilientes a los desajustes climáticos. Son varias las prácticas agrícolas que propone la iniciativa como reducir la deforestación o fomentar practicas agrícolas que aumenten la materioa organica del suelo (MOS).

Esto último es lo que propone el Proyecto Circular Humus-Spain: biorremediar suelos con Materia Organica (M.O) obtenida como subproducto del ecoreciclado de estiércoles y otros biorresiduos.

 

 

 

Porque es importante este desafío para España:

“Nuestro país es el que presenta un mayor riesgo de desrtificación de entre todos los de la UE, según la propia Ministra de Madio Ambiente.

En España, el 74% del territorio se encuentra en riesgo de desertificación y un 20% corre un peligro muy alto de convertirse irreversiblemente en un desierto, por lo que estamos hablando del principal problema medioambiental al que se enfrenta nuestro país.

En gran parte esto es así por razones históricas como la minería destructiva y la sobreexplotación. En esas áreas, la tierra productiva se ha vuelto incapaz de producir cosechas sustanciales para la vida humana o animal, aunque puede quedar algo de vegetación.

Ya sabemos que la capacidad de resilencia de un suelo se mide por su calidad en Materia Orgánica (M.O). Las temperaturas más altas promueven una descomposición más rápida de la materia orgánica en el suelo debido a un impulso térmico para la actividad microbiana. Esto acelera la liberación de CO2 y CH4 a la atmósfera a través del aumento de la respiración del suelo (actividad microbiana), aunque también puede estimular niveles más altos de crecimiento de las plantas con mayor secuestro de carbono e insumos al suelo.

Estos cambios no afectan por igual a todas las áreas, por ejemplo, si aumenta la temperatura en las zonas húmedas, como Galicia, probablemente los microorganismos del suelo trabajarán más rápido, consumirán más materia orgánica, y emitirán más CO2. Es decir esas zonas se harán más contaminantes en CO2.

Como reconoce el informe Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España (2021), elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, se espera, por un lado, un aumento generalizado en la intensidad y magnitud de las sequías meteorológicas e hidrológicas bajo escenarios de cambio climático —debido, principalmente, al aumento de la evapotranspiración y a la reducción de las precipitaciones— y, por otro, una creciente aridez y un aumento del riesgo de desertificación.

Antonio Turiel, doctor en física, investigador del CSIC y experto en energía y cambio climático, es claro: “Un escenario de aumento de tres grados haría que en España la única zona habitable realmente fuera la cornisa cantábrica y alrededores. El resto sería inhabitable, salvo alguna zona del Pirineo y Prepirineo”.

Un ejemplo de esto, es el estudio llevado a cabo por el CREAF, el CTFC y la UAB, donde se concluye que en España el clima y el tipo de vegetación determinan en gran parte la cantidad de MOS almacenada. Por tanto, si los pronósticos advierten de un futuro todavía más caluroso y seco con una mayor desertización, esto podría provocar que se redujera la cantidad de carbono en stock y hacer que  nuestros suelos se convirtieran en emisores netos de CO2, lo que a su vez, caletaría más la atmósfera.

Es tiempo de actuar ya, y esto es lo que propone la iniciativa «4 x mil» con la que el Proyecto Circular Humus-Spain se encuentra completamente alineado.

 

Un modelo de gobernanza

Hasta la fecha, casi 150 entidades de más de 30 países se han adherido a esta iniciativa, entre las que se encuentra el Gobierno Español.

Esta «alianza» se basa en un modelo de gobernanza, es por ello que además además de gobiernos, otras partes interesadas se han adherido: representantes de agricultores y del sector agropecuario, organizaciones internacionales, institutos de investigación científica y técnica, autoridades gubernamentales locales, bancos de desarrollo, fundaciones, empresas privadas y organizaciones no gubernamentales. Las posibilidades de acción de cada uno de los actores que se adhieran son diversas.

Así, los gobiernos y autoridades locales pueden:

  • Implementar programas de formación para agricultores y consejeros agrícolas para aumentar la materia orgánica en los suelos.
  • Contribuir a financiar proyectos de desarrollo de captura del carbono.
  • Elaborar políticas que promuevan la gestión sostenible de los suelos.

Según esto, el Proyecto Circular Humus-Spain debería recibir financiación para llevar a cabo su propósito. 

 

Los bancos de desarrollo, los donantes y las empresas privadas pueden:

  • Apoyar a los proyectos de desarrollo que faciliten la difusión e implementación de prácticas agrícolas sostenibles.
  • Financiar proyectos de desarrollo, cursos de formación o implementación de sistemas de medición, notificación y verificación.

 

Los agricultores y las organizaciones de productores de alimentos pueden:

  • Trabajar junto con la comunicad científica y las ONG para promover prácticas agrícolas sostenibles.

 

Consulta aquí los fundamentos de la iniciativa «4 por 1000»