Tradicionalmente, los estiércoles y purines jugaban un papel fundamental en la fertilización de los suelos, ya que habitualmente las explotaciones eran tanto agrícolas como ganaderas, por lo que los cultivos de la explotación podían asumir la carga de nitrógeno de estos estiércoles sin mayores problemas complementándose con técnicas como el barbecho o el abono verde cuyo objetivo era garantizar el mantenimiento de la fertilidad y el rendimiento de los cultivos. Es decir la actividad agraria se desarrollaba ya en lo que hoy conocemos como economía circular.

Pero este equilibrio entre agricultura y ganadería se fue debilitando, con la introducción de los abonos de síntesis en la revolución verde, y luego con la intensificación de ganadería y la generalización de explotaciones intensivas, esa relación de interdependencia que existía entre ganado, suelos y plantas se fue debilitando hasta romperse. Las explotaciones agrarias ya no disponían de tierras de cultivo a fertilizar y entonces surge el problema de qué hacer con la acumulación de estiércoles.

La cuestión de los excedentes se ha convertido en un problema cada vez más agudo, tanto en España como en el resto de la UE, las deyecciones han pasado de ser un recurso para fertilizar a un residuo a eliminar. Según fuentes del Ministerio, en España se producen anualmente unos 170 M de toneladas de estiércoles, de las que sólo un 10% se valorizan (cifra que incluso pongo en duda). A nivel europeo estaríamos hablando de unas 1.400 M de toneladas anuales.

 

 

Uso directo de estiércoles y contaminación de las aguas

Las prácticas habituales en el tratamiento de estos residuos, puede traducirse en una disminución de los rendimientos de los cultivos y una contaminación de los suelos y de las aguas.

Efectivamente, la tradicional practica de eliminación por soterramiento en el suelo tiene un alto coste ambiental al contaminar suelos y aguas, tanto superficiales como subterráneas, por su contenido en nitrógeno así como en fosfato. La contaminación se produce por la infiltración de aguas (lluvia o riego) que disuelven y arrastran estos elementos, y se caracteriza por ser difusa. Esto conlleva a una disminución de la fertilidad del suelo, y sin un suelo sano, no hay plantas sanas.

Por otro lado, las acumulaciones contribuyen al cambio climático emitiendo grandes cantidades de metano (CH4), un gas de efecto invernadero (GEI) unas 20 veces más contaminante que el CO2, y del óxido nitroso (N2O) que hoy se sabe tiene un efecto invernadero 266 veces mayor que el CO2.

Para que no se produzcan esas acumulaciones, se podría hacer uso de la deyecciones directamente en la fertilización de los suelos, pero eso conlleva directamente a varios problemas. El primero de ellos logístico, ya que como hemos comentado, no hay suficiente suelo agrícola entorno a la explotación para que absorba tal cantidad de residuo, y su transporte resulta complicado y muy costoso.

Además hoy ya está más que comprobado con investigación y trabajo de campo, que el empleo exclusivo de estiércol no cubre las necesidades de nutrición de las plantas y año tras año se va agotando la fertilidad de la tierra al extraer más de lo que se les aporta.

Su uso directo sobre el suelo puede llegar a incrementar su crecimiento pero se anula su floración dando lugar a un crecimiento de plantas débiles y tiernas, y, por tanto, más propensas a las plagas y enfermedades, más débiles al viento, a la lluvia y al frío.

Por otro lado, el nitrógeno que contiene el estiércol necesita de varias condiciones para que pueda ser absorbido por las plantas, como el grado de humedad, grado de temperatura, oxígeno y equilibrio microbiano, y estas condiciones no se dan siempre en el suelo.

Tradicionalmente se puede creer que aportando  Nitrógeno podemos alimentar mejor a la plana, pero las últimas investigaciones científicas en este campo nos han dado a conocer que la sobre-nitrogenización del suelo por aportes directos de estiércoles puede llegar a provocar una irrupción en el ciclo del carbono, lo que dificulta su mineralización y la absorción de nutrientes por parte de las plantas.

Efectivamente, Los suelos con un alto contenido en nitrógeno son pobres en carbono, elemento esencial que actúa como regulador de macro y micronutrientes.

Además de lo expuesto hasta ahora, las prácticas actuales en la gestión del estiércol presentan estos problemas:

  • Incertidumbre sobre el contenido de macro, meso y micronutrientes.
  • Elevado contenido en materia orgánica sin estabilizar.
  • Proporciones de nutrientes que no coinciden con los requisitos del cultivo.
  • Dificultad en la capacidad de planificar su uso y su aplicación.
  • Transporte dificultoso, contaminante y caro.
  • Nueva legislación más restrictiva en su uso.
  • Cuestiones de salud y seguridad ya que el estiércol puede contener patógenos, trazas de zoosanitarios, semillas y metales pesados.

 

La alta presencia de nitrógeno inhibe la actividad microbiana y por lo tanto no se forma la manta orgánica –humus- de forma natural. El resultado es que los suelos no pueden fijar C02 que escapa a la atmósfera. Se calcula que los suelos destinados a plantaciones pierden carbono a un ritmo de un 0,5% anual.

Otro problema asociado al aporte directo de estiércoles al suelo es el de la  contaminación de aguas subterráneas naturales. Los residuos ganaderos contienen compuestos nitrogenados; éstos, por fermentación y oxidación, se transforman en amoniaco, después en nitritos y finalmente en nitratos. Estos últimos se retienen en forma estable y soluble en el agua, no pudiendo ser transformados nuevamente en un producto nitrogenado si no es por la acción de los seres vivos(humus) o por reacciones químicas.

 

Todos los estudios llevados a cabo coinciden en que un exceso de fertilización nitrogenada y una aplicación defectuosa, son las causas que más contribuyen a la contaminación por nitratos de las aguas subterráneas.

Por todos estos problemas descritos, la Unión Europea ha endurecido la aplicación directa de estiércoles sobre el suelo, estableciendo una serie de normas que regulan su aplicación en la llamada «nueva ley del estiércol» que entrará en vigor con la nueva PAC en Enero de 2020.

Uno de los aspectos más relevantes de esta normativa ha sido el establecimiento de un código de buenas prácticas y la elaboración de programas de actuación para el control de las áreas afectadas por ésta contaminación denominadas zonas vulnerables.

Se definen por zonas vulnerables aquellas superficies del territorio cuya escorrentía fluye hacia las aguas ya afectadas por la contaminación y hacía las aguas que podrían verse afectadas por la contaminación si no se toman las medidas oportunas. En el caso de querer hacer un uso directo del estiércol como fertilizante en estas zonas, su aplicación no debe superar los 170 kg/ha equivalentes de nitrógeno. Para tener identificadas las zonas afectadas, las CC AA han creado el mapa de identificación de zonas vulnerables.

A las granjas situadas en estas zonas se las obliga a disponer de instalaciones estancas (estercoleros o balsas) que tengan capacidad de almacenamiento de un mínimo de 3 meses, pudiendo este plazo llegar a 7 meses (por ejemplo en Cataluña), coincidiendo con el periodo invernal en el que no se pueden aplicar las deyecciones en campo, evitando así la contaminación. El problema es que según el censo agrario de 1999 (INE, 2002), sólo 23% de las granjas están equipadas de instalaciones de almacenamiento, y se desconoce qué parte se encuentra en zonas vulnerables. Y es que estas instalaciones conllevan una inversión económica que no todas las explotaciones están dispuestas a realizar.

El proyecto Humus-Spain actúa sobre este punto. La explotación ganadera quedaría liberada de la nueva normativa entregando sus residuos a la planta que pasa a ser la responsable como gestor de residuos.

Para mejorar la gestión de los residuos ganaderos y ayudar a las explotaciones a cumplir con las buenas prácticas agrícolas, el MAPA a desarrollado una herramienta digital -«ECOGAN»-  para la estimación de las emisiones y el consumo de recursos en explotaciones ganaderas. Una herramienta que resultará práctica para que las explotaciones puedan cumplir con la nueva normativa comunitaria que entrará en vigor con la nueva PAC.

Además, se encuadra dentro de los compromisos de España para reducir sus emisiones y cumplir los objetivos de reducción de gases contaminantes y de gases de efecto invernadero suscritos por España y contenidos respectivamente en el Programa Nacional de Control de la Contaminación Atmosférica (PNCCA) y en el Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC).

 

 

Contaminación por malos olores

 El los últimos años, esta contaminación se ha convertido en fuente de conflictos entre el ganadero y la sociedad, particularmente en regiones o localidades donde coexisten la actividad ganadera junto a otras como, por ejemplo, el turismo.

Los gases responsables de los olores son principalmente compuestos de bajo peso molecular que se adhieren y transportan con las partículas de polvo, que se liberan en el curso de la fermentación anaerobia del estiércol. Globalmente la gallinaza y los purines de cerdo son los más problemáticos por su mayor contenido en nitrógeno y amoniaco que causan olores más persistentes.

Se han identificado cerca de 100 compuestos olorosos (de origen sulfuroso o nitrogenado provenientes del metabolismo de las proteinas) producidos en la explotación ganadera, siendo los más importantes el amoniaco, las aminas, los mercaptanos, los ácidos orgánicos y determinados compuestos heterocíclicos nitrogenados.  

Especial importancia tiene la emisión de amoniaco que se produce cuando el nitrógeno de la orina se mezcla con las heces en el suelo del establo. Entonces los microorganismos presentes transforman ese nitrógeno en gases como el oxido nitroso (N2O), un GEI con un potencial de calentamiento atmosférico de aproximadamente 300 veces más que el CO2.

Existen aproximadamente mil quinientos millones de vacas en el planeta. Cada vaca orina hasta treinta litros al día. Eso es mucha orina en el suelo. La orina es un problema medioambiental porque tiene un alto contenido en nitrógeno, lo que contribuye tanto a la contaminación del agua como al cambio climático.

El suelo de la explotaciones intensivas es un sustrato ideal para el desarrollo microbiano debido a que se acumulan una gran cantidad de enzimas como las aureasas que catalizan la conversión de la orina a amonio, y finalmente a NH3.

El amoniaco resulta tóxico para los seres humanos que  a concentraciones de 0.5 mg/l actúa como irritante de los ojos y vías respiratorias altas, y también lo es para plantas y arboles, especialmente coníferas. Su emisión en altos porcentajes puede resultar asfixiante, también para los animales. 

Se han intentado diferentes procesos industriales para mitigar este problema en las propias explotaciones, ninguno de ellos ha resultado ser efectivo. Por ejemplo, se ha intentado con el uso de algunos productos químicos oxidantes (permanganato potásico, peróxido de hidrógeno, ozono), agentes enmascarantes o desodorantes. Sin embargo, al requerirse gran cantidad de estos productos, supone un alto coste económico, y además resultan perjudiciables para el entorno.

Hay que resaltar la importancia que tiene la dieta de los animales en la producción de malos olores, ya que esta suele ser rica en almidón y excede el contenido en proteínas que los animales precisan , por lo que el remanente no asimilado acaba en el suelo donde la flora microbiana lo transforma en los gases anteriormente citados. Entonces esta formación gaseosa dependerá de el tiempo de permanencia de las deyecciones en el suelo.

Es por ello que conocer en profundidad la relación suelo-alimento puede ser la clave para para el desarrollo de estrategias que puedan mitigar este problema. Por ejemplo se puede manipular la población microbiana existente en el suelo, en favor de aquellos organismos que degraden las deyecciones y los orines de forma que la formación de los gases que producen los malos olores se reduzcan. En este sentido algunos estudios apuntan a que podría lograrse aumentando a población de las bacterias lácticas en detrimento de otros microorganismos patógenos.

Mientras llega ese momento, esta es la solución que propone el proyecto para este problema:

Mantener las instalaciones de la explotación limpias evitando la acumulación de estiércoles, los cuales deben de ser inmediatamente incorporados a la biopilas de la planta de biorreciclaje cercana a la explotación, donde se estabilizarán mezclándose con el resto de materia orgánica hasta perder su mal olor a medida que se transforma en compost, periodo que puede durar entre 30-45 días.

 

 

Emisión de gases de efecto invernadero (GEI)

Otro problema asociado a la ganadería es su contribución al denominado “efecto invernadero” . La ganadería es una fuente significativa de estos gases (Gases de Efecto Invernadero GEI), el más conocido el C02, pero más dañinos que este, el metano (CH4), el amoniaco (NH3) y el óxido de nitrógeno (N2O), un gas con un elevado potencial de calentamiento global de unas 296 veces superior al CO2.

Las emisiones generadas por el sector agrario suponen un 14% del total de las emisiones de España y 22% de las emisiones de los sectores difusos. En el conjunto europeo, constituye la segunda actividad emisora en el conjunto de la UE detrás de los procesos del sector de energía (European Environment Agency, 2016).

Las principales fuentes de emisión de GEI del sector ganadero por actividad son: la producción y procesamiento de alimentos (45% del total), la digestión de los vacunos (39%), y la descomposición del estiércol (10%). El resto se debe al procesado y transporte de productos de origen animal.

El dióxido de nitrógeno es emitido como consecuencia de la actividad microbiana de nitrificación en el suelo. Su tasa de emisión se acelera tras la aplicación de fertilizantes nitrogenados y de residuos ganaderos, ya que esta aplicación aumenta los niveles de nitrógeno.

Al NH4 se le responsabiliza de contribuir al calentamiento climático en un 30%. Este gas tiene una capacidad de calentar la atmósfera de unas 25 veces más que el propio CO2, si bien tarda mucho menos en desaparecer, en torno a 20 años ( el CO2 unos 100 años). De toda esa cantidad emitida a la atmósfera, más de un 25% proviene de la fermentación entérica, es decir gases que se producen el el estómago de los rumiantes. La cantidad de metano producida por un animal depende, entre otras cuestiones, de la especie, peso y edad del animal, así como de la cantidad y calidad del alimento que se le da al animal en cuestión.

Hay un 5% aproximadamente que proviene del manejo del estiércol. En este punto, hay que recordar que los sistemas actuales de gestión del estiércol en forma líquida, basados en balsas o fosas, crean unas condiciones de ausencia de oxígeno que propician de forma significativa este tipo de emisiones.

En la última cumbre del clima -COP26- recién celebrada en Glasgow, los reportes aportados por los organismos internacionales de control de la contaminación atmosférica, apuntan a que la emisión de este gas no sólo no se ha reducido, si no que ha aumentado. Es por ello que se ha creado el «acuerdo de los firmantes sobre el metano» promovido por EE UU y la propia UE, por el que los países firmantes se comprometen a una reducción de 30% en las emisiones de este gas de aquí al 2030, y del 70% para el 2050.

Es de vital importancia conseguir este objetivo ya que al permanecer menos tiempo en la atmósfera, el efecto de reducir el calentamiento global podría conseguirse a menor corto plazo que si se actúa sobre el CO2 que permanece hasta 100 años en la atmósfera.

A modo de ejemplo de la capacidad contaminante de la ganadería, se ha calculado que en una explotación de vacuno de leche de 76 hectáreas situada en el suroeste de Inglaterra, los niveles anuales de emisión eran del orden de 18 toneladas de metano y de más de una tonelada de dióxido de nitrógeno.

«La ganadería resulta ser la fuente antropogénica individual más importante de metano, aportando un 30% de las emisiones a nivel global y un 47% en los países de la OCDE».

 

España se ha comprometido a reducir en un 23% las emisiones de gases a efecto invernadero de los sectores difusos (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030). En este sentido la UE es todavía más ambiciosa y se ha puesto como objetivo una Unión climáticamente neutra de aquí a 2050 y una reducción de emisiones de GEI de entre el 50% y el 55% respecto a los niveles de 1990.

Como es lógico, se están estudiando medidas para conseguir reducir las emisiones de metano procedentes de la fermentación digestiva, entre ellas se incluyen la reducción de las cabezas de ganado, pero esto se contrapone al aumento en la demanda de alimento debido al crecimiento de la población.

Algunas otras propuestas resultan inviables por temas de manejo, de programa de alimentación, o, simplemente, por ser próximas a la ciencia ficción. La otra vía de actuación es la reducción de las emisiones de metano mejorando los sistemas de gestión de los residuos ganaderos. Y en este punto es dónde el proyecto Humus-Spain juega su papel.

 

El otro gran GEI dañino para la atmósfera es el amoniaco (NH3), siendo la producción animal uno de los mayores contribuyentes a las emisiones de este gas debido a la mala gestión de los residuos. El amoniaco está implicado en la formación de partículas (PM 2,5) con efectos adversos sobre la salud humana y contribuye a la degradación de los ecosistemas cuando se deposita en la tierra o el agua con la correspondiente acidificación del suelo y eutrofización de las masas de agua superficiales.

Existen aproximadamente mil quinientos millones de vacas en el planeta. Cada vaca orina hasta treinta litros al día. Eso es mucha orina en el suelo. La orina es un problema medioambiental porque tiene un alto contenido en nitrógeno, esta al entrar en contacto con los microorganismos del suelo se convierte en amoniaco, lo que contribuye tanto a la contaminación del agua como al cambio climático.

En 2016, el sector agrícola de la EU-28 fue responsable del 92% de las emisiones totales de amoníaco en la región debido a la volatilización de las excretas de ganado. En concreto en España, según el Inventario Nacional de Emisiones (1990-2015), las actividades agrícolas produjeron el 96% de las emisiones de amoniaco superando los límites máximos de emisión nacionales para el NH3 (353 kt · año − 1) en un 7%. Según la Directiva de la UE 2016/2284 / UE, España debe reducir el techo de emisión de NH3 en un 3% durante el período 2020-2029 y en un 16% para el año 2030.

El método actual para eliminar el amoníaco gaseoso del interior de los establos de producción ganadera con intención de garantizar la salud de los trabajadores y los animales y el rendimiento de la producción animal se ha mostrado inefizcaz. Es por ello que se están llevando a cabo esfuerzos de investigación para la recuperación de este gas. En nuestro país tenemos el proyecto en desarrollo Life Green Amonia que está obteniendo muy buenos resultados para la captura de NH3 en medios líquidos y aéreos. Se basa en un sistema de captura de NH3 con membranas tubulares permeables. y su puesta en práctica podría ser inminente.

La recuperación de NH3 podría resultar de vital importancia debido al alto costo de los fertilizantes comerciales obtenidos a partir del amoníaco y a la previsión de su encarecimiento en años sucesivos. Al igual que en nuestro proyecto, como resultado del proceso de captura y reciclado se obtiene sulfato de amonio (AS) que puede tener algunos beneficios agronómicos y ambientales potenciales y puede ser un sustituto adecuado de los fertilizantes minerales como fuente de nitrógeno y fertilizante valioso.

De esta forma, mediante la captura de NH3 se contribuiría positivamente tanto desde el punto de vista ambiental (disminución de las emisiones de amoníaco a la atmósfera) como desde el punto de vista económico (amonio recuperado para reemplazar fertilizantes comerciales de fuente de nitrógeno).

Descubre aquí más sobre el proyecto Life green amonia.

A nivel internacional, también se están llevando a cabo trabajos de investigación destinados a capturar amoniaco, este estudio científico aporta una solución diferente: «enseñar a las vacas a ir al servicio».

 

El marco legal, «La nueva ley del estiércol»

La Comisión Europea integra transversalmente la política medioambiental en las demás políticas comunitarias, como se refleja en el Pacto Verde Europeo. Entre las herramientas principales de este pacto en el sector agrario, se encuentra la Estrategia «De la granja a la mesa» en donde se busca diseñar un sistema alimentario justo, saludable y ecológico.

Esta estrategia impone unos objetivos ambientales muy ambiciosos entre los que se encuentra uno referido a la fertilización y buen estado agronómico de los suelos. Establece como meta reducir, al menos, a la mitad las pérdidas de nutrientes, sin deteriorar la fertilidad del suelo.

Para  la aplicación en toda España de estas normas comunitarias, se redactó el Real Decreto para la nutrición sostenible de los suelos agrarios que se integra en la Ley 22/2011, de 28 de julio, de residuos y suelos contaminados, que es la ley actual que modifica el marco legislativo interno en materia de residuos para su adaptación a las modificaciones del derecho comunitario, la Directiva marco de residuos.

Serán las CC AA las que incorporen estas normas en sus propios planes de gestión de residuos que pueden incluir normas específicas para cada comunidad.

Para asegurar el cumplimiento de estas nuevas exigencias ambientales conocidas coloquialmente como «la nueva ley del estiércol», la UE las incorporará en la nueva PAC, concretamente en los llamados ECOesquemas. Su incumplimiento pondrá en riesgo entre un 20% y un 30% de la cuantía de prestación que pudiera corresponderle a un ganadero o agricultor.

Conoce más aquí sobre los ECO-esquemas

 

Conoce más sobre la nueva ley del estiércol

Como norma general, la fertilización nitrogenada debe adaptarse a las necesidades de los cultivos a lo largo de su ciclo vegetativo. En tal sentido, dada la movilidad del nitrógeno en el suelo, se debe fraccionar dicha fertilización, procurando realizar los aportes en los momentos de mayor utilización por los cultivos.

Se dividen los fertilizantes nitrogenados en tres grupos a efectos de determinar su época de aplicación al terreno:

Grupo 1: Fertilizantes de origen orgánico (estiércol de bovino, ovino-caprino, purines, gallinaza, compost, etc.) y lodos, en los que la mayor parte del nitrógeno tiene que mineralizarse antes de estar disponible para los cultivos.

-Grupo 2: Fertilizantes minerales en forma ureica y amoniacal que tienen que nitrificarse para poder ser asimilados por los cultivos, y formulaciones de liberación lenta y fertilizantes con inhibidores de la nitrificación, así como los inhibidores de la ureasa, contemplados por la legislación española y europea.

Grupo 3: Fertilizantes minerales en forma nítrica o nítrico-amoniacal, fácilmente asimilables por los cultivos, así como los compuestos o complejos que contengan en su formulación cualquiera de estas formas.

Se establecen una serie de obligaciones y recomendaciones relacionadas con la aplicación de fertilizantes nitrogenados al suelo. Entre estas obligaciones están:

La aplicación de fertilizantes del Grupo 1, incluida la que puedan aportar directamente los animales, estará limitada a una cantidad por hectárea y año que contenga un máximo de 170 Unidades Fertilizantes de Nitrógeno (UFN, equivalente a 1 kg de Nitrógeno).

Se tendrá en cuenta para los fertilizantes orgánicos del Grupo 1, los valores de oscilación entre su riqueza en nitrógeno y el porcentaje de este que se mineraliza durante el primer y segundo año tras su aplicación.

La aplicación de estiércol u otros fertilizantes nitrogenados debe realizarse teniendo en cuenta las limitaciones en las cantidades máximas por hectárea establecidas en cada CC AA.

Cantidad máxima de estiércol o purín permitida por unidad de superficie en función del ganado del que proceda y si ha sido o no sometido a un proceso de valorización en balsas o estercoleros.

No podrá realizarse la aplicación de fertilizantes: en períodos de lluvia, en suelos helados o con nieve, suelos inclinados, en parcelas con pendiente media superior al 15% dedicadas a cultivos leñosos y en aquellas con pendiente media superior al 10% de cultivos herbáceos, en terrenos no cultivados, salvo que se mantenga una cubierta vegetal o se haya previsto su inmediata implantación en un plazo máximo de 15 días, en terrenos no cultivados, salvo que se mantenga una cubierta vegetal o se haya previsto su inmediata implantación en un plazo máximo de 15 días.

Deberá respetarse un periodo de entre 21 días y 2 meses para su aplicación con respecto a la recolección (2 meses cultivos y 21 días pastoreo o siega de pastos). No se podrán aplicar a menos de 5 metros de las orillas de aguas superficiales o pozos, y se deberá señalizar los cultivos o pastos tratados con purines en parcelas colindantes con vías pecuarias durante un tiempo determinado para evitar la entrada de ganado.

Con su entrada en vigor, los productores tendrán que cumplimentar una nueva sección del cuaderno de explotación relativa a la fertilización, donde deberán registrar datos de nivel de nutrientes y metales pesados del suelo, nivel de nutrientes en el agua de riego, operaciones de fertilización, fechas, dosis aplicadas, registro de operaciones de riego o contar con un asesor en materia de fertilización para la realización de planes de abonado.

Aquí puedes consultar en su totalidad este Real decreto «La nueva ley del estiércol»

 
A modo de conclusión

La actividad ganadera, como cualquier actividad humana, tiene una repercusión sobre el medio ambiente, ya sea por la utilización de sus recursos, el desarrollo de la propia actividad o la gestión de sus emisiones.

La mejora de la productividad es un reto para todo el sector agro-alimentario, incluida la ganadería, ya que el crecimiento de la población en el mundo exige obtener más alimentos con menos recursos. Cada vez un mayor volumen de población está requiriendo una dieta variada en la que se incluyan alimentos de origen animal.

Por lo tanto, la mejora de la eficiencia productiva y la reducción de su impacto ambiental, es el objetivo principal de la ganadería europea, que debe de responder a la mayor concienciación sobre la importancia de cuidar el medio ambiente y tendrá que contribuir en la consecución de los objetivos marcados en los acuerdos medioambientales internacionales.

Para conseguir este objetivo, se deberán poner en marcha estrategias que reduzcan el impacto ambiental de la ganadería. De nuevo la ciencia y la tecnología son unas grandes aliadas, poniendo a disposición de los ganaderos herramientas que permitan una mejor gestión medioambiental sin reducir la sostenibilidad de la producción.

La ganadería del futuro en la Unión Europea será sin lugar a dudas una ganadería más verde, gracias a la colaboración de todos los elementos de la cadena de producción ganadera. Es aquí donde el proyecto circular Humus-Spain entra en juego.